Blue Hearts

La madrugada era fría, las ventanas de la recamara se encontraban empañadas y afuera nevaba.

Eran las 3.45 am según el reloj del buró que se encontraba a un costado de la cama. Ella paso su brazo por encima de su cintura y le abrazo, colocando su mano izquierda justo en el corazón de el. 


Se sentía tan feliz de estar allí, a su lado compartiendo tan curiosa aventura a la que decidieron dar comienzo tan solo dos meses y medio atrás, justo en el momento en que ella se encontraba a pocos meses de graduarse y el de por fin convertirse en columnista del "Another Times" un periódico que había tomado gran popularidad los últimos meses tras algunos artículos publicados sobre temas de interés público, sobre el autor de los mismos todo era simple y sencillamente un misterio para la mayoría de las personas que leían cada mañana aquel conjunto de páginas digitales desde su iPad, smartphone u lap top. 


Pero para ella el misterio se respondia de forma sencilla, su prometido era el arquitecto tras cada palabra elegida en aquel conjunto de oraciones redactadas con la única finalidad de cautivar, de crear en el lector la sensación de que lo leído en los artículos también les pertenecía y podían tomar decisiones sobre lo acontecido.


Adoraba esa forma suya de usar las palabras para generar ideas en las personas tan propia de su futuro y muy próximamente esposo. 


Ella diría desde su punto de vista que dicha forma de escribir era tan conductista pero necesaria como su aficionada forma de ver la vida acorde a la corriente Psicoanalista de Freud.


Tal vez solo en esos pequeños detalles se notaba realmente la diferencia entre ambos, a simple vista eran una pareja perfecta, compartían gustos musicales, en literatura, arte y hasta... ¿Quien lo diría?, en arquitectura.


Se habían conocido en una de esas tantas reuniones de psicólogos que le resultaban aburridas pero indispensables para crear relaciones con nuevos colegas, y asi mantener contacto con ellos en un futuro, ya fuese para realizar algún trabajo colaborativo de investigación o para obtener su punto de vista de algún caso concreto.


Amaba la psicología clínica, no le importaba cuanto se había empeñado el profesor en hacerles desistir de ella, si lo que querían era también formar una familia y cumplir los sueños de niñas mimadas, como el los llamaba.


Y allí estaba, casi muerta de aburrimiento, solo observando a las parejas ir y venir de la pista de baile, se suponía que una de sus amigas la acompañaría toda la noche puesto que al igual que ella se encontraba sin interés en compartir su vida con alguien mas en una relación que le distrajera de sus objetivos. 


Pero:


Que incongruencia la suya. 

Que atrevimiento.
Que falta de sentido común.

Se encontraba furiosa pues con un simple mensaje, su amiga se deslindó de su comprimiso y decidió pasar a primer termino su necesidad de tener pareja.


Puesto que eso ella no lo esperaba, considero marcharse de dicha reunión sin mas, afortunadamente nunca se marchó.


De lo contrario no quería imaginar que pudo haber ocurrido en su vida durante los próximos meses, tal vez nada fuera de lo ordinario. 


Lo extraordinario había sido encontrarlo a él, despreocupado como solo él puede serlo, no prestaba atención a los giros y círculos que se creaban al centro de aquel pintoresco salón de fiestas.


A simple vista cualquiera hubiera dicho que no pertenecía a un lugar como ese, sentado al lado de un chico que le caía muy bien y cursaba el ultimo curso de la carrera, cuando a ella le faltaban aun dos mas.


Supuso que serían amigos, y que le habían invitado allí todo el grupo de personas sentadas, otras bailando, que se encontraban en aquella mesa conviviendo como una pintoresca familia.


Pero a pesar de su desdén hacia la musica y baile, notorio pero no tan obvio, sonreía con alegría al ver muy felices a sus amigos y amigas. 


Recordó con una sonrisa tímida, que en ese momento ella le había hechado la culpa al alcohol por seducirla con la efuria, con la falsa seguridad y las ideas tan locas que inundaron su cabeza, mismas que le conducirían al inicio de lo que seria una relación perfecta, pero así pues...


Tras un largo trago de ron y jugo de naranja decidió acercarse al par de acolorados debatientes solo para saciar su interés en saber quien era él, y el ¿por qué se encontraba allí?.


-Hola Francis, me puedo sentar con vosotros?- Dijo ella con tono alegre, un poco mas alegre de lo que hubiera querido.


-Bell, que alegría verte aquí. Claro que si, nos encantaria que te sientes con nosotros. ¿Sabes? pensé que no vendrias pero es genial tenerte con nosotros esta noche. ¿Oye y Nathie?- Exclamo Francis en respuesta a su pregunta.


Bell puso los ojos en blanco y suspiro. 


-Nathie decidió que una cita con su nuevo novio era mas importante que venir conmigo esta noche.- Murmuró.


Francis arque las cejas con asombro fingido. -Bueno, creo que eso no es tan raro en Nathie, ella suele nunca cumplir su palabra, pero bueno... Que mal educado soy, te presento a un gran amigo mío. 


El es Rubén y estudiaba psicología con nosotros pero decidió que su carrera de novelista era mas importante y actualmente esta métido en el periodismo. - Sonrió con picardía al terminar de narrar tan corto pero concreto currículum de su amigo.


Rubén sonrió de forma extraña y luego le tendió la mano a Bell. -Hola, mucho gusto Bell, me alegra conocer gente nueva por aquí, ¿Dónde conociste al loco y depresivo Francis?- Bell lo miro mientras contenía la risa sobre su forma de hablar de Francis.


-Uhm... Lo conocí por que una compañera de grupo salia con el, pero es una gran persona y lo considero un amigo fenomenal. Oh si... El gusto es mio Rub.- Bell se sonrojo un poco, tal vez era el licor o verdaderamente aquel chico tenia algo que le gustaba. 


Tendría toda una noche para averiguarlo... Pero eso ella aun no lo sabia.


Rubén soltó una carcajada algo ronca...


Su voz era profunda y grave, como la de un tenor, no era de extrañar que su risa fuera similar. -¿Francis salia con un chica de tu grupo?- Volvió a reír pero esta vez a menor volumen. 


Miro a Francis y coloco su mano derecha en el hombro de su amigo. -¿Por que rayos no me habías contado eso? Ohhh... Espera… ¿Ella es la protagonista del borrador cierto?-


Francis lo miro con semblante serio y respondió. -Si, ese borrador es para ella, aunque ya no seamos nada.- Termino la frase con un ligero suspiro.


Rubén cambio de expresión rápidamente, tomó su vaso y bebió, acto seguido coloco un par de hielos en el vaso. Tomo la botella del centro de la mesa, cuidadosamente vacío parte del contenido y lo combinó con jugo de arándano. Luego volvió a beber.


-Lo siento amigo, ese borrador es muy bueno y lamento que ella no lo supiese valorar.- Exclamo como si recitara un poema gris.


Francis lo miro y sonrió.


-Vamos mi estimado escritor, ambos sabíamos que pasaría, siempre pasa...- Sonrió forzadamente y tomo su copa escarchada y con una lima adornándola.


Bell, no sabia que hacer, al parecer se metió en un lío del que no había previsto magnitudes y ni siquiera conocía.


-Y... ¿Que tipo de historias escribes Rub?- Inquirió tímidamente esperando que el tema cambiase a uno mas agradable.


-Un poco de todo, no tengo una corriente de hechos a seguir que me haga inclinarme a un genero en específico.- Respondió el como si se tratase de una respuesta aprendida y automática.


Francis mientras tanto había acabado con el contenido de su copa y se escabulló a la pista de baile dejándoles solos. 


Bell no le dio importancia, pero decidió que quería ser ella quien entrevistase mucho mas a fondo a aquel intrigante escritor.


-¿No te gusta bailar verdad?- Le pregunto con un tono de burla.


-No, no me gusta. Tengo dos pies izquierdos.- Respondió el sin poner mucha atención a la pregunta.


-Podría enseñarte. Si quieres...- Dijo ella.


-¿Y si mejor vamos a tomar un café?- Propuso el rápidamente. -Mi departamento esta a 15 min y solo tardaremos cinco en llegar al coche.-


Ella lo miró a los ojos. 


Sus ojos eran de un café oscuro y tenían un interesante brillo.


-Sera mejor que tengas galletitas también.- Respondió mientras le tomaba de la mano y lo guíaba entre la multitud que bailaba en la pista en dirección a la entrada, al estacionamiento, al Astra aparcado justo a la derecha de la salida.


Aquella noche habían charlado hasta las tantas, y el café sirvió como complemento de un efecto químico o de atracción que le invito a rozar sus labios tímidamente durante los primeros besos.


Obviamente después los besos les dieron confianza. Entre charlas, caricias, florituras de los dedos sobre la piel, la electricidad corriendo y los versos que ella había conseguido que el recitara despacio a su oído.


El destino había sido la recámara, la cama matrimonial con un cobertor negro y un pavo real estampado en él.


Las manecillas del reloj se detuvieron, el frío de Octubre se convirtió en la brisa de Abril y ella sintió que podía tocar el cielo con sus dedos, no había nubes, no había aviones, eran estrellas, auroras estelares y polaris.


Estaba tan feliz que pido un deseo en silenció esperando que en alguna parte de aquel cosmos infinito hubiera una estrella fugaz que le ayudará a cumplir aquel sueño.


Suspiró levemente, y miro el cabello de su caballero andante mientras el dormia, solía llamarlo así cada vez que entraba a su estudio sigilosamente, sin hacer ningún ruido, cruzando rápidamente la puerta.


Descalza sobre la alfombra y al llegar a donde el se encontraba, redactando algún nuevo capitulo de la novela que estuviera construyendo o terminando un nuevo articulo, le tapaba los ojos con sus manos.


Le susurraba al oído, algúna estrofa de sus canciones favoritas y el continuaba con la siguiente, la rodeaba con sus brazos y ella se sentaba en sus piernas, cantaban la canción juntos hasta terminarla. Entonces ella, le decía con tono elegante, burgués y de la realeza: Estimado caballero, sepa usted que debe embarcarse nuevamente en rescate de su amada doncella, pues esta noche después de la cena, veremos una película de terror y a su amada le dan mucho miedo, por eso usted debe rescatarla y protegerla entre sus brazos.


El la miraba y jugueteaba con su nariz, luego le daba un beso largo y exclamaba: Mi amada doncella, no debe usted preocuparse por nada, hoy su caballero la protegerá entre sus brazos de aquellos monstruos que quieran hacerle algún daño. Y estaré a tiempo para ayudarle a preparar la cena, amada mía.


Ella sonreía y le pedía que le leyera un poco de lo que escribía, después salia del estudio y se dirigía al jardín, o al súper o a la universidad si tenia algún trabajo pendiente por entregar.


Y allí estaban, los dos en lo que llamaban su propio jardín del edén, esa idea había surgido por la fascinación a los discos de Kako M que ambos tenían, la canción en concreto se llamaba Eva por Adán.


Ella la había descubierto entre las play list de su lap top, durante las semanas siguientes a la noche en que se conocieron, ambos recordaban mucho los detalles mas bonitos o recuerdos mas importantes de la relación que tenian.


Uno en particular que ella disfrutaba había ocurrido la mañana siguiente a la fiesta en la que se conocieron, al despertar ella estaba sola en la habitación, lo cual le asusto un poco, en la mesilla de noche había una nota pulcramente escrita que decía:


"Bell.


Le preguntaba a Campanilla sobre Peter Pan y Nunca Jamás, pero jamás había volado sin alas. 


Tu me has hecho descubrir el polvo de hadas.


Eres especial y la rosa blanca de mi mañana.


Pd. Salí a comprar algo para preparar el desayunó, si despiertas antes que regresé. 


Puedes bañarte si lo deseas, la llave del agua caliente es la izquierda y hay una toalla que puedes ocupar en el tercer cajón del ropero.


Atte. Rub."


Termino de leer la nota con una sonrisa, le gustaba su letra. Le gustaba lo que decía, se sentía feliz, especial y empezaba a enamorarse.

Al salir un aroma delicioso inundaba la habitación, entraba por la puerta entreabierta y venia de la cocina.


Salio de la habitación nuevamente vestida, y curiosa observo todo con mas detenimiento. 


Desde el sofá negro de imitación cuero en el centro algo gastado pero que conservaba su imagen, hasta el librero al lado de la ventana, cuya tonalidad caoba se vencía mas cada día. 


Al entrar en la cocina no pudo evitar emocionarse, Rubén se encontraba frente a la estufa con un delantal de un tono rojo oscuro y que combinaba con su camisa.


En la mesa había dos platos y un pequeño florero con margaritas la adornaban, los platos estaban vacíos todavía pero las tazas al lado de cada uno tenían un espumoso chocolate cuyo aroma inundaba el departamento convirtiéndolo en un lugar acogedor y con un aire hogareño.


El la miro como se miraría a un ángel o auna diosa antigua, la miro como se mira a una doncella, sonrió y exclamó: -Buenos días princesa… ¿Dormiste bien cariño?.-


Bell se sonrojó, verdaderamente él era una persona única, diferente a todos los chicos con los que había salido y que si bien no eran muchos le habían defraudado bastante, siempre terminaba rota y con el corazón encerrado en su diario, palpitando levemente roto de nuevo y en coma.


Pero con el era diferente, su corazón latía incesante y a un ritmo que bien podría haber servido para que alguien bailara tap o ska.


El sirvio cuidadosamente tres hot cakes en uno de la platos y los adorno con una mezcla mora azul. 


"Hot cakes blueberry" había sido su respuesta a la pregunta de ¿cual seria tu desayuno favorito?, su papá los preparaba siempre para desayunar cuando ella era pequeña y su mamá andaba de viaje por su trabajo.


 Su mamá trabajaba para una empresa de turismo y por eso viajaba mucho, su papá en cambió era profesor de Filosofía en el instituto del lugar donde crecio, hasta que se mudo a un departamento compartido con Nathie durante el primer semestre de la carrera.


Rub se sirvió un pequeño omelet en su plato y le paso el de los blueberry a Bell.


Ella sonrió y dijo: -Gracias, a sido una noche maravillosa, al despertar me asuste por que no estabas conmigo, pero leí la nota, muy linda por cierto y bueno... Esto.- Dijo mientras señalaba los hot cakes con el tenedor. -Es un hermoso detalle, te quiero.- Se ruborizó ante aquel "te quiero".


Ruben se levanto y se acerco a ella, estaban sentados cada uno al otro extremo de la pequeña mesa, la miro a los ojos y le dio un besó. Largo, lleno de amor y ternura. -Yo también te quiero Bell.- Susurro él y le sonrió.


Ese era su recuerdo favorito, había muchos mas. Pero para ella ese era su favorito, la mañana en que se dijeron por primera vez " Te quiero". 


El reloj marcaba las 4 am, si fuera lunes se preocuparía pues faltarían escasas 2 horas y media para que la alarma de su teléfono sonase, ambos entonces iniciarían su semana a la expectativa de volver a tener el sábado y domingo libres para ellos.


Pero era sábado, no un sábado cualquiera, hoy irían a visitar a sus padres, su mamá llego de Orlando el jueves y pasaría 15 días en casa con su padre, tenían que darles una noticia.


Una fantástica noticia, ella y Rub llevaban dos años de relación y un año viviendo juntos, su papá había sido el primero en conocerlo durante una visita de fin de semana, se habían llevado muy bien casi al instante, habian pasado la tarde despues de la comida sin dejar de hablar de libros, técnicas narrativas y filosofía en las novelas contemporáneas.

Su mamá había tardado mas en conocerlo, pero lo había aceptado casi al instante como parte de su familia, ella se sentía muy nerviosa la primera vez que conoció a la mama de Rubén pero el le había tranquilizado y al final aquel domingo en casa de su suegra fue muy agradable.

Pero esta ocasión, la razón para visitar a sus padres era mas que nada darles la noticia que a ellos los había tenido mas que felices las últimas semanas.

Ella lo había notado, por los mareos matutinos y otras pequeñas situaciones, sin embargo estuvieron seguros hasta un viernes por la noche, en la cual su ginecóloga le había dicho que tenia casi dos meses y medio de embarazó.

El la había abrazado y cargado en brazos, al llegar a casa, la había llevado hasta la sala de su departamento, se sentaron en el sofá y hablaron sobre lo que vendría en el futuro.

Era una noticia increíble, tanta felicidad les daría y les esperaba en los años por venir.

De eso no cabía duda, escuchaba la respiración de su futuro esposo lenta y constante, pensó en si debería despertarlo o no simplemente para decirle que lo amaba con todo su corazón.

Y hablando de corazones, el había iniciado una novela muy bonita e interesante cuyo titulo era Blue Hearts. Pues según el, los corazones que aman son azules.

La dedicatoria de aquel nuevo proyecto le gustaba mucho, "Para Bell, por acompañarme siempre en cada una de mis historias. Y para Jona, por ser nuestro mejor regalo."

Ambos estaban seguros de que seria un niño, aunque su suegra decía que preferiría una nieta y seguro que su mamá también opinaba lo mismo. Sin embargo su papá estaría mas que feliz de que fuera niño, de hecho estaba totalmente segura de que el abuelo le instruiría en filosofía e historia y al final su padre en literatura, redacción y periodismo.

Eso la hacia muy feliz, y aquella mañana mientras Ruben condicia por la carretera en dirección a casa de los papás de Bell, las 2 horas y 45 min de camino las disfrutarían entre Petit Comité y Amor e Hipertensión Arterial. Sus discos favoritos de Kako Malo.

El coloco su mano suavemente en la pierna izquierda de ella y dijo sin perder de vista el camino.

-Creo que nuestro pequeño Jona sera nuestro Peter Pan y el resto de nuestra vida sera Neverland.- Sonrió, y le miro a los ojos. Solo un momento antes de volver a mirar el camino.

Ella coloco su mano en la de el y exclamó:

-La mejor historia que pude desear en esta vida, comenzó en aquella fiesta en la que te conocí y me alegro de que nuestro hijo, también tenga un corazón azul.- Le miro sonrojada como la primera vez y susurro...

-Te Amo-.

"La letra de un mal cantautor continuo alegrando el viaje mientras ambos coreaban el estribillo con emoción".


" Los corazones que aman son azules."

Autor: Zoé Z. Marquez Martinez

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