Eclipse
De pequeño quería un telescopio, me encantaba la idea de admirar las estrellas del cielo e imaginar que estaban un poco mas cerca. Había visto una animación sobre las constelaciones y los animales que estas formaban, cada sábado por la mañana en el viejo televisor de la cocina, a menudo me sentaba frente a mi ventana y observaba la luna. En ocasiones charlaba con ella, pidiéndole que me contase todas las historias que conocía, recopiladas a través de los eones y preguntándole: ¿cómo era ver el mundo desde allí arriba?.
Su voz estaba acompañada por una agradable tranquilidad, charlando con ella siempre sobre lugares a donde viajar, el tiempo parecía ir lento. Me conto sobre los globos de cantoya que se convertían en estrellas y acompaño mis sueños de papel en la nocheósfera. Describió los eclipses de manera mágica, un instante que parece ser eterno y la unión de un rompecabezas astrofísico.
Desde aquellas noches suelo admirar los eclipses, como quien mira una obra de teatro desarrollándose acto a acto, en distintas tonalidades que conforman un cuadro al óleo. Escucho música en mis audífonos sentado en la cornisa de mi ventana, fumo despacio un cigarrillo y dejo volar mis pensamientos. Entre Billie Eilish y Tesssa Violet la nostalgia llega al recordar mis cassettes favoritos, algunos vinilos y pequeñas historias que escribí en mis años de instituto.
Solía describir al amor como un poema de cuatro letras que conformaban una palabra, y esta a su vez era la respuesta a la pregunta que El Sombrerero le hacía a Alicia: -¿En qué se parece un cuervo a un escritorio?-, si nada es real, ni siquiera el tiempo.
En alguna ocasión le pregunté a un gran amigo: -¿Qué es lo que hace El Hombre de Ningún Lugar, escribiendo no sé qué para no sé quién?.- El solo sonreía y bebía lentamente su whisky en las rocas. -Solo está haciendo planes para nadie, intenta descubrir al mundo a través de la poesía, tal vez escribe una novela que nunca se publicará, compone una melodía para una canción que ella no escuchará.- Respondió sin prisa.
Aquello me agradaba de las charlas los viernes por la noche acompañados de licor y canciones lo-fi o en el bus camino a casa, la universidad siempre tenía narradores silenciosos de cuentos modernos, en los pasillos, las aulas y los jardines.
En aquellos milenios coloreábamos nuestros pensamientos en páginas blancas de los cuadernos, construíamos mundos y universos, éramos viajeros interestelares que se encontraron por casualidad en un bar de la aurora boreal. Ahora no lo veo tan a menudo, pero me gustaría invitarlo a tomar una cerveza para charlar sobre las estrellas de cristal y la luna de plata, que entre sus párrafos resguardan señales al infinito.
Las luciérnagas vuelan entre las luces de ciudad y el purple neón de la taciturna madrugada, algunas veces ellas se enamoran de las estrellas y se convierten en parte de la astronomía que reside en su mirada. Jugueteo con un calendario viejo del año 95, Agosto 23 queda a un par de años atrás y tiene un aroma a café sin azúcar, cada jueves a las 5 de la tarde en la cafetería del centro de París. La mejor manera de pasar las estaciones grises y dibujando el invierno en Londres mientras se coleccionan poemas perdidos.
Creo que nunca dijimos adiós, simplemente fue un hasta pronto en el que quedaba la invitación a un nuevo viaje, sin destino elegido, pero con muchos lugares y personas por conocer. Usualmente es así como terminan las mejores historias, un instante que parece eterno y a su termino es fugaz, pero duradero.
El eclipse llega a su fin, el carmesí de la luna es maravilloso, el mejor recuerdo en este inicio de año. Miro de nuevo los mensajes de la chica que me atrapó en su sonrisa y sonrió como no lo hacia en semanas, llevo tiempo pensando que necesito en mi vida la motivación y locura que a ella le acompaña. También volver a ver a esos viejos amigos que, de vez en vez, aparecen para recordarme que las historias que escribo tienen un sentido.
La luna me pregunta en un susurro: -¿Ella tiene ese brillo en su mirada qué te invita a escribirle?-, le miro y respondo en un suspiro: -Ella es un eclipse.-
Ella es un eclipse.
Autor: Zoé Márquez Martínez
(Un Gato Negro Escritor)

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