Carta Sin Remite: Atardeceres

Te miro tan radiante, sonriente y feliz mientras sostienes en tus brazos a nuestra pequeña. No puedo evitar sentirme feliz al capturar este momento en mi mente y con la lente de una cámara. Día de picnic en el campo porque era demasiado tarde para llegar al zoológico, el tráfico y la casi hora con treinta minutos de trayecto resultaron en este curioso cambio de planes. Tomar la carriola, pasar a comprar comida y caminar entre las calles de los suburbios hasta llegar al lugar del que tanto me has hablado.

Nuestra pequeña estaba feliz de salir de paseo, el mundo le parece tan interesante, tan maravilloso y tan inmenso. Me gustaría saber que piensa cuando lo contempla a través de sus ojos, tal vez para alguien como yo resulta ser común y aun así, ambas consiguen regalarme momentos inolvidables. Las observo mientras alimentan a los patitos del lago, navegan en grupo, ella los señala y te toma de la mano para que se acerquen un poco más a la orilla. Yo me quedo sentado bajo el árbol que elegimos mientras disfruto del paisaje.

Al terminar de comer decidimos caminar entre los árboles, la luz que se cuela entre las ramas en fantástica. Me pides que les tome algunas fotos porque quieres inmortalizar esta tarde, el tiempo como ya es común suele marchar un poco más lento para dejarme disfrutar cada minuto. El clic de la cámara me regresa a la realidad. Todo me parece tan magnífico y mágico que me cuestiono si es un sueño, estoy seguro de que no lo es cuando me tomas de la mano y seguimos a nuestra pequeña mientras corre a los juegos que se encuentran en el área infantil.

Nos sentamos en una banca mientras ella se divierte en sus pequeñas grandes aventuras. Cuando el sol comienza a ocultarse en el horizonte y el frío nocturno se hace presente junto a una brisa suave, emprendemos el camino de vuelta a casa. El silencio de mis pensamientos es roto por tu voz, -¿Te puedo pedir algo?- Tus ojos tienen ese brillo único que los ilumina cuando estas feliz. -Claro amor.- Respondo con una sonrisa. Me miras a los ojos y exclamas: -Quiero que siempre que podamos, le robemos tiempo a la rutina y pasemos la tarde juntos.- Contemplas mi mirada con curiosidad, sabes que mi rostro serio suele ser solo una máscara, pero tú  sabes ver más allá.

Nuevamente esbozo una sonrisa, te beso la frente suavemente y respondo: -Lo prometo.- Extiendes tu dedo meñique de la mano derecha y el mío se entrelaza con el tuyo. Las promesas así son lo más importante para ti. -Me encantan los atardeceres a su lado corazón.- Mi voz te reconforta y me das un fuerte abrazo, verte feliz me da la seguridad de que aún me quedan momentos y atardeceres para disfrutar en esta vida.

Con cariño para Jess y la pequeña Naho.


Septiembre 03 / 2022


Autor: Zoé Z. Márquez Martínez

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