POEMA DE UN ASESINATO CAPITULO 1
CAPITULO 1
NO SOY EGOÍSTA EN COSAS DEL
AMOR.
ASESINO. (Segunda carta)
Mis pupilas destilaban tanto
amor haca ella, cada vez que la abrazaba, que la tenía tan cerca de mí.
Ella era la bibliotecaria de
una escuela preparatoria y yo maestro de música, entonando mi guitarra acústica
al dulce sonido de su voz. Conne
Michael, mi novia, mi bibliotecaria, se acercaba todas las tardes hacia mí con
esas intenciones matemáticas de besar mis labios, tornearlos con su lengua tan
suavemente, un año ya de noviazgo y cuantas veces le hice el amor a la luz de
los focos de la biblioteca, en un tornado exquisito de letras, de historias, de
mesas, exploraba cada rincón de su cuerpo
encontrando cada punto suspensivo en su piel que me hacían leer más y más
entre sus brazos, pechos y labios.
Recuerdo que era un primero
de diciembre, entre suavemente cargando un gran ramo de rosas, caminando
despacio por los pasillos de la biblioteca mire a un catedrático de la carrera
de medicina al fondo leyendo, este sujeto era de la universidad apuesto que
debe tener en su biblioteca ejemplares que hablan mejor de la medicina, extraño
era que estuviese allí, no tan extraño después, cuando mientras la tenue luz acompañada
por la sinfonía número cinco de Mozart como fondo de escena romántica se mezclaba con el sonido de los tacones de
ella. Me deslice discreto por las orillas, mientras comenzaba un susurro, yo
estaba del otro lado de un estante, quite aquel libro que me impedía ver; Alan
Poe y su corazón delator, así, lenta y descaradamente sus labios besando el
cuello del director, no quería seguir viendo pero no me daba la vuelta y mis
ojos no podían dejar de mirar aquella escena que destrozaba mi corazón.
¡Maldita sea!, el coraje se
apodero de mi cordura, me había sacrificado en esta relación, siempre estuve
ahí cuando me necesitaba, nunca le fui infiel y ahora recibía este golpe con
garras que destrozaba mi pecho, por un segundo quede sin respiración, arrojando un suspiro tire las rosas, las pise con mis
zapatos negros recién boleados, una
locura sujeto mi cuerpo y fue entonces cuando grite: - ¡te amo!, ella reacciono
rápido al oír mi voz y él se asustó acomodándose su estúpida corbata color
marrón.
-Profesor, no puede gritar
en la biblioteca-. Dijo.
-Perdón pero mi emoción se
mezcla con mis impulsos sabiendo que es el primer aniversario de noviazgo entre
Conne y yo
El catedrático levanto su
tonto y asqueroso trasero de la silla, me dio un abrazo, de aquellos abrazos
que delatan inseguridad, yo le di un abrazo, de esos abrazos que delatan
muerte. Ella con los brazos cruzados un poco nerviosa, sus mejillas sonrojadas,
la mire y me sonrió, se lanzó abrazándome, me aferraba a su cuerpo, mientras el
catedrático le dijo:
-Apropósito Conne, ¿Por qué
te dicen Conne?
Ella contesto; -Me llamo
Conne
-Oh lo lamento, pensé que
era un apodo. – Dijo el estúpido.
Ni siquiera sabía que Conne
era su nombre real, ella arrisco las cejas mientras me abrazaba, yo observaba
como el director se alejaba por los pasillos adornados con poemas del siglo XX
y paso por aquella grieta donde quite el libro de “El corazón delator”, se
agacho, tomo las flores destrozadas, volteo a verme, yo solo le sonreí mientras
seguía yo aferrado al cuerpo de Conne, no quería perderle y si matarla era la
única forma de llevarla al fondo de mi corazón, no iba a perderle.
Un mes después de aquel
incidente, año nuevo y navidad a su lado, ella actuaba como siempre y yo como
si no supiera que solo actuaba como cualquier dama escondiendo una aventura, de
esas de las que nunca hablan, hasta el día de hoy. Viernes, los alumnos emocionados de que se
terminó una semana de clases y trabajo, suelen ir a desvelarse por cualquier
lugar con un par de cervezas, música de banda la mayoría, un churro de mota
para calmar la ansiedad del éxtasis de la juventud, todos quieren experimentar
cosas nuevas y yo, bueno, yo experimentare algo desagradable por parte de
Conne. Después de terminar las clases, cerro la biblioteca con una lentitud
como si no quisiese hacerlo, me miro y dijo que fuéramos al parque sin sombra,
un parque un tanto lejos de la ciudad, descuidado ,con árboles un poco pequeños
y secos, nos gustaba la soledad, el silencio del parque hacia juego con el
sonido de nuestros labios en los besos, pero esa noche no hubo besos, nos
fuimos en mi camioneta, ninguna palabra en el camino se escuchó, ni de ella ni
de mí, llegamos, ella se sentó en el viejo columpio y agachada meciéndose de
atrás hacia adelante muy lentamente pegando con sus zapatos de charol en la
tierra suelta, me dijo que había mentido, que la disculpara, que nunca había
conocido a alguien como yo, pensaba que todos los hombres eran iguales, me dijo
que su corazón estaba muy lastimado y tan lastimado que se convirtió en una especie
de monstruo que se dedicaba a hacer sufrir también corazones, me dijo que no
estaba enamorada de mí, que era preciso ser sincera… ¿¡sincera!? Después de un
año de noviazgo fue sincera señor detective, le creí esta vez, sin embargo no la
iba a perder. La miraba ahí agachada hablando de todo eso mientras sacaba una
pequeña pistola tipo escuadra de mi abrigo negro, ella aun agachada y
meciéndose de atrás hacia delante en el columpio, paro de columpiarse levanto
lentamente la cara y vio la pistola que
le apuntaba, abrió los ojos como nunca los había abierto y espantada pregunto
que significaba eso y le respondí; -Significa que debes levantarte e irte antes
de que te dispare-, ella pensaba que era una broma, sonrió y me dijo que bajara
el arma, le dije que se levantara se diera la vuelta y se fuera porque si
disparaba nadie lo iba a notar por el silenciador que tenía mi pistola y porque
no había nadie a kilómetros de distancia, ella no podía creer lo que decía, era
lógico que estaba espantada y sorprendida, el lado positivo es que le gustaban
las sorpresas, se levantó, giro, camino un par de pasos ¡PUM! dispare en su
pierna, ella grito pero nadie podía escucharla, aunque no debía correr riesgos,
saque un pañuelo con el cual le amarre la boca, la arrastre tomándola de un pie
mientras se dolía y trataba de rasguñarme, la aventé en los asientos traseros
de la camioneta, estaba perdiendo mucha sangre así que además de amortajar sus
manos y pies, también lo hice con la herida, no quería que muriera tan rápido,
llegamos a mi casa, eran ya las 12 de la noche, no parecía haber nadie pero un
vistazo más a la calle y alrededor me abría paso a bajarla del auto, estaba
ella sudando, la baje discreto, estaba como dormida, entre a la casa, la acosté
en el sofá grande de la sala, yo quería salvarla señor detective, lo hice, fui
por un cuchillo, una bandeja de plata, un poco de agua tibia y un pañuelo
blanco, ella aun respiraba, limpie su herida un poco, le dije:
-Despierta, abre los ojos,
mira mi amor, voy a ayudarte.-
Ella no decía nada solo me
veía asustada, le dije que le quitaría el pañuelo si prometía no gritar ya que
si lo hacia el cuchillo acabaría cortándola la garganta, al parecer se espantó más
pero acepto la propuesta, al quitarle aquel pañuelo de la boca, me rogaba que
le dejara ir, que no diría nada, eso me hizo reír un poco, prendí el estéreo y
puse un disco de un grupo llamado HIM, buena música en inglés, empecé esta
narración al compás de la música, sus gritos de dolor y al movimiento de sus
labios : -Voy a ayudarle a tu querido corazón mi amor, mira el brillo del
cuchillo, y mientras lo observas siente como poco a poco desabrocho tu camisa
lentamente, ahí está al descubierto tu pecho, sientes frio, mojare el pañuelo
con un poco de agua tibia, tranquila amor, frotaré en tu pecho el pañuelo, mira
como este cuchillo entra lentamente, no grites tanto no te muevas así, podrías
lastimarte, aun respiras y sudas mucho, es la adrenalina, estas sangrando
mucho, pero ya está aquí, mira como late amor, lo pondré en la bandeja, dejaste
de respirar, pero mira que hermoso, lo salve, ya no van a hacerle daño nunca
más a tu querido corazón.
Sabe algo mi querido señor
detective, ella era tan lectora, una mujer casi imposible de enamorar porque ya
estaba enamorada del olor a papel impreso de los libros, a la textura de
portadas, enamorada de personajes, de cuentos, de leyendas, de escritores, por
esa razón nunca le creí cuando decía que estaba enamorada de mí.
Si encontró esta carta
resolvió las pistas del poema y puede ver que no soy egoísta en cosas del amor,
observe bien esta escena, ahí está la mitad de corazón que le correspondía al
Catedrático, ahora mi querido señor detective vaya por la tercera, aquí abajo
le dejo el poema.
POEMA
Mariposas revolotean a mí
alrededor
Partes de mí se trozan y se
hacen canción
Miles de piezas de mi
corazón
Nocturno sexo, nocturno
sabor
Huyes a la oscuridad si no
hay pasión
Nocturno beso, nocturno
amor.
Vamos mí querido señor
detective.
Comentarios
Publicar un comentario