El trayecto.
Viernes por la noche, tus amigas pasaran por ti a las 10:00 pm. Tardaste algo más de una hora en vestirte y peinarte y pintarte buscando el detalle: Poco tacón, medias oscuras, falda no demasiado corta, ligero escote, pelo suelto, alisado, sombra de ojos y carmín en los labios (besando después una esponja con polvos para matar el brillo). No quieres que tu aspecto físico eclipse los demás aspectos, pero sí saberte guapa; demostrar, con tu encanto natural, que no eres de las que busca, sino de las que encuentra. También por ello, mientras te duchabas, pusiste esa canción de Lighthouse Family, elegante y vitalista, aunque con ciertos toques de melancolía que definen, en fin, lo que eres y serás esta noche.
Saldrás con amigas, tomaras copas y ellas bailarán mientras tú te ocupas de vigilar los bolsos, o tal vez bailes con ellas sin apenas moverte o moviendo levemente las caderas. Eres tímida y prefieres observar. Observar a tu alrededor, a la gente que baila. Y tal vez, como siempre pasa, se acercará a ustedes un grupo de chicos, y el más descarado hablará con la más descarada de tus amigas, y los otros chicos observarán a tu grupo, y tú te fijarás en el más tímido, en el más cabizbajo. Y tal vez acabes hablando con él, y tal vez encajes con él o le encuentres algún defecto, o al final te acabe entrando el miedo escénico y te sientas incómoda y te quieras marchar. Y con cualquier excusa saldrás del bar sola a las tres de la mañana, dejarás a tus amigas ligando con esos chicos, y pensarás que otra noche más es una noche menos para ti. Pero en esto tomarás un taxi, pero al parecer el taxi va ocupado, un chico de gafas en el asiento trasero acepta compartir el taxi, no hay muchos a esa hora en San Juan del Río, un poco incomoda pero con ganas de llegar a casa le dirás al taxista tu calle y callarás aunque notes que el chico de gafas te observa. Y no te sentirás incómoda porque tal vez te esté observando con ojos cálidos, como buscando cobijo en tus ojos. Y tal vez después comience a hablarte, te diga que es escritor y sus palabras encajen contigo y tú te desates también y te abras, y le hables, y sientas cosas, y no quieras bajarte de ese taxi nunca. Y acabes pensando que, a veces, lo importante no es el destino, sino el trayecto.
Saldrás con amigas, tomaras copas y ellas bailarán mientras tú te ocupas de vigilar los bolsos, o tal vez bailes con ellas sin apenas moverte o moviendo levemente las caderas. Eres tímida y prefieres observar. Observar a tu alrededor, a la gente que baila. Y tal vez, como siempre pasa, se acercará a ustedes un grupo de chicos, y el más descarado hablará con la más descarada de tus amigas, y los otros chicos observarán a tu grupo, y tú te fijarás en el más tímido, en el más cabizbajo. Y tal vez acabes hablando con él, y tal vez encajes con él o le encuentres algún defecto, o al final te acabe entrando el miedo escénico y te sientas incómoda y te quieras marchar. Y con cualquier excusa saldrás del bar sola a las tres de la mañana, dejarás a tus amigas ligando con esos chicos, y pensarás que otra noche más es una noche menos para ti. Pero en esto tomarás un taxi, pero al parecer el taxi va ocupado, un chico de gafas en el asiento trasero acepta compartir el taxi, no hay muchos a esa hora en San Juan del Río, un poco incomoda pero con ganas de llegar a casa le dirás al taxista tu calle y callarás aunque notes que el chico de gafas te observa. Y no te sentirás incómoda porque tal vez te esté observando con ojos cálidos, como buscando cobijo en tus ojos. Y tal vez después comience a hablarte, te diga que es escritor y sus palabras encajen contigo y tú te desates también y te abras, y le hables, y sientas cosas, y no quieras bajarte de ese taxi nunca. Y acabes pensando que, a veces, lo importante no es el destino, sino el trayecto.

Comentarios
Publicar un comentario