La fábula de Black Heart

Recuerdo mi primer beso, fue en las vacaciones de verano entre 3ro y 4to grado.

Estaba nervioso y mis manos sudaban, ella había sido mi amiga durante el año que llevaba en la ciudad, gentilmente cada tarde me llevaba a recorrerla, me había mudado con mis padres y mi hermana al terminar 2do.

Aquel día estábamos sentados en las bancas del parque comiendo helado, el mío era de nuez y chocolate, el de ella sabor vainilla. La brisa y el calor hacían un día perfecto, la mire a los ojos. No sabía que hacer exactamente, al final cuando me anime a darle un beso fue solo en su mejilla derecha, ella se sonrojo. 

Cerro los ojos y yo también lo hice, ¿recuerdan aquella escena de la película de 1991, my girl?, fue más o menos así. Siempre lo recordaré con cariño, eran tiempos diferentes para el amor y en lo personal, los mejores. 

Antes de que todo cambiara, hoy en día todo se me hace más complicado. No entiendo las relaciones, no entiendo el amor posmoderno y mucho menos... 

Bueno, no entiendo mi necesidad de recordarla. 

Cualquiera diría que para alguien a quien le sacaron el corazón, era imposible el amar a otra persona. Y aunque es cierto, fui la excepción a la regla. Tal vez por capricho de la bruja que me lo arrancó del pecho durante la noche de luna de sangre hace unos 500 años, ella necesitaba uno y yo accedí a regalarle el mío. 

La había conocido en un bar elegante, cerca del hotel donde me hospede durante mis vacaciones de invierno en Noruega. 

Me contó su historia, cuando joven se había enamorado de un caballero andante, él le prometió una vida hermosa a su lado. Pero existía un único problema, ella no podía renunciar tan fácil a su aquelarre, era su hogar y hacerlo la condenaría muerte. Las relaciones entre brujas y humanos no eran muy bien vistas. Sin embargo, ella haría cualquier cosa por su amado, así que le pidió a su caballero, la esperase hasta pasada su ceremonia de iniciación. 

El prometió hacerlo, pero nunca lo cumplió, un par de meses después se casó con una chica que conoció en el teatro. Aquello le rompió el corazón y lo marchito cual rosa en las estaciones grises, condenándola a no poder sentir amor nunca más y sumergiendo su magia en la oscuridad, en el absoluto caos. 

He de decir que su historia me conmovió, había pasado por algo similar, decepcionado del amor al haber entregado todo por una chica a la que perdí por ser un idiota. Asi que le propuse regalarle mi corazón, yo no le encontraba uso y ella tal vez tendría la esperanza de usarlo nuevamente para amar. 

A cambio ella me regalaría la inmortalidad, aunque no de la forma que esperaba. 

Me sacó el corazón mientras latía emocionado en mi pecho, anhelando los mejores momentos a su lado, al lado de la chica de la sonrisa de cera. La luna de sangre brillaba intensamente en el cielo nocturno, las sirenas entonaban una hermosa melodía en el lago de agua azulada y yo me preguntaba ¿cómo sería el resto de mi vida, o de mi muerte?.

Al colocarse el corazón en su pecho, este tomo un color negro azabache muy bonito. Y yo me convertí en un no muerto, libre de viajar y recorrer el mundo que se abría imponente ante mí, dispuesto a compartir conmigo sus secretos. 

Desde aquella noche, no volví a ver a tan curioso personaje. 

Algún tiempo después fui afortunado de escuchar una charla entre un cazador de brujas y un cazador de vampiros quienes tenían un concepto interesante sobre el amor. Debo admitir que me volví coleccionista de estas historias, puesto que cada uno describe el amor de manera diferente. 

Alabándolo, condenándolo o incluso despreciándolo, sin embargo, son fantásticas. 

Aunque eventualmente me sentí solo, es difícil existir de manera indefinida sin un propósito. Así que me enfoque en reescribir el amor a mi manera, un escritor inmortal que tenía un sin fin de anécdotas que relatar. Pero la soledad es una amante celosa y posesiva, me ha construido y destruido cuantas veces desea, sumergiéndome en el delicado souvenir del licor y los cigarrillos, en una perpetua depresión intangible para mi cordura. 

Hace 100 años, me di cuenta de que todo había cambiado y extrañaba los viejos tiempos. 

Me era más sencillo esclarecer mis emociones mundanas, ahora me resulta curioso estar rodeado de demonios, vampiros, brujas, nefilims y ángeles que forjan día a día el amor a su manera. 

Para mí el corazón negro, es la muestra más sincera de amor. 

Quien lo posee sabe el peso que conlleva superar la agonía de repararle pieza a pieza, de buscar incesantemente una razón para volver a amar, aun con el miedo a perderlo toda una vez más. 

Yo por mi parte, sigo amando y siendo fiel a su fantasma. Porque ella, la chica de la sonrisa de cera me hizo sentir esa conexión, en nuestro primer beso, como si todo diera comienzo en ese momento, el momento que trascendió el tiempo. 

-Un joven escritor y su flor de loto.-



You...
And your decaffeinated eyes.

Autor: Un Gato Negro Escritor

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