Autómatas

El arte nace de una experiencia de vida. La mayoría de los grandes artistas tienen un momento que inicio la serie de acontecimientos para el desenlace de su creatividad. Un buen día, un mal día, una pesadilla, un sueño, un regalo o una perdida. 

Alguna ocasión me considere tonto al soñar en cosas imposibles, como normalmente las personas se refieren al arte. Solemos escuchar constantemente que pensar en ser reconocido por tus obras es algo realmente improbable, no importa cuanto te esfuerces, cuanto tiempo le dediques o cuanto inviertas en él. Al final solo serás parte de la infinidad de nuevos artistas que intentan hacerse un hueco en el mundo. 

Al parecer olvidamos que el arte es mas por nosotros que por los demás, conocí grandiosos escritores que resguardan todos sus pensamientos en libretas, nunca dejan que nadie los lea por miedo de que no sean buenos o que les transmitan lo suficiente. Escuche grandes canciones con letras llenas de mensaje opacadas por las vacías estructuras mas comercializadas, contemple pinturas y dibujos ignorados por transeúntes, que amenizan sus charlas casuales con referencias a trazos reconocidos por todos. 

Cuando empezaba a escribir, fueran poemas, canciones o historias. No entendía cuál era el mensaje que buscaba transmitieran, algunos eran detalles de un joven enamorado, pesadillas que me aterrorizaron de niño, temores proyectados y muchas otras solo mi intento por encajar en un grupo de amigos o personas que al igual que yo soñaban ser artistas en la plaza de la ciudad los viernes por la tarde. 

Con el paso de los años me enamore de distintos ritmos, idiomas y estilos de transmitir las emociones, estuve en algunos escenarios pequeños o grandes en festivales y bares, leí autores de distintos tiempos, contemple bocetos de aquellos que me transportan a mis clases de artes plásticas en la primera década de mi vida y lienzos expuestos en el parque mientras camino los fines de semana en mi ciudad. 

Charlé con cantautores entre presentaciones, asistí a conciertos de mis artistas favoritos y de algunos amigos que iniciaron como yo, creando arte por amor al arte y sin esperar nada a cambio. Contemple espectadores emocionados y coreando las canciones, algunos otros desconectados y sin ánimos, escuche lectores de libros inconformes con adaptaciones en el cine y cinéfilos que nunca conocieron los libros. 

¿Saben cuántos guiones no llegan a término?, ¿vieron ya el mundo a medias en el que vivimos?, puede que sea exactamente esa la razón por la que no conectamos siempre de la manera que esperamos. Es un constante vaivén, el ir y venir de la inspiración, que nos hace escribir, componer, pintar, reír y llorar, mientras el telón se levanta y cae en los distintos actos. 

Si escribiera una novela de mi vida, sería una de ficción y tragicomedia, que citaría filosofía y culminaría como una oda a la musa única que es la soledad. Expresaría emociones desbordantes como aquellas que desean tanto experimentar los androides, curiosamente es por eso veo a los artistas como autómatas. Estamos diseñados para expresar aquello que los demás no pueden encontrar, transmitimos las historias de maneras diferentes y trascendemos en el eterno subconsciente. 


-Pero es exactamente eso: El Arte de la Vida- 
Me repite Lenna cada vez que leo un nuevo borrador de su novela. 

Dedicado a todos los autómatas que día a día, 
crean arte sin importar las dificultades.

Autor: Zoé Z. Márquez Martínez
(Un Gato Negro Escritor)

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