Microrelato: After
Últimamente tengo un pequeño problema.
No dejo de pensar en sexo, pero no de esa forma vulgar tan representada en el cine o novelas de wattpad, sin ninguna consideración y demasiado burda. Un sexo diferente, más parecido al sexo de las flores que describe tan delicadamente Irene en su poemario.
Ese es mi problema, busco un sexo de palabras, poemas y pinceladas de artistas que no tienen miedo al arte. Un sexo sin el miedo al día siguiente, a despertarte y darte cuenta de que no fue especial, todo lo contrario, es tan olvidable como un mal libro, de esos que compras solo por el título y cuando llegas a casa, tras un par de páginas te das cuenta de lo absurdo de la historia que narra.
Lo guardas en la repisa más alta del librero, justo debajo del libro de química que te pidieron en 3er grado, sobre la caja de cartón lila que guarda las cartas de tus antiguos amores, al lado de la botella de cristal rellena de estrellas de papel, que se suponía representaban los momentos que esa persona quería pasar contigo, porque te amaba de verdad y al final no era cierto.
Allí se encuentra todo, en el rincón de los recuerdos rotos y los malos polvos.
Así de absurdo resulta crear paradojas temporales donde una y otra vez en un ciclo infinito, nos dejamos seducir por la idea de fumar un cigarrillo, después de un polvo que dure más de 5 minutos y cumpla su promesa de crear más de un orgasmo que nos lleve al Nirvana.
El problema está en el pudor que solemos tener y nos aleja de nuestra idea concreta, resulta que nos damos cuenta de que nos incómoda el olor a cigarrillo, que a sido un polvo de 10 minutos en un motel y ni siquiera una triste canción de fondo alcanzaste a reproducir en el teléfono.
Todo se vuelve gris y monótono, por eso prefiero un sexo diferente, sin las extravagancias de la fiesta y los excesos de la resaca. Alguien me propuso buscar una chica con quien salir de fiesta y olvidarme de la autodestrucción en la que suelo sumergirme, después de todo en estos tiempos no hay nada más cursi que compartir resaca e ibuprofeno.
Sin embargo, también esta mi obsesión por los detalles: que le guste el café, que no le moleste el olor a cigarrillo y a alcohol que suelo tener, que disfrute de las historias, la literatura, el teatro y su mente sea tan guapa como ella loca. Que guste de un sexo más poético con tintes de artista olvidado, de drama y caricias con aires a Broadway, de una banda sonora compuesta por indie y letras acordes.
Que no tenga miedo al after y descubra la dedicación del before.
Autor: Un Gato Negro Escritor.

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