Microrelato: Sobre el arte de la vida y los tulipanes naranjas
Envió el manuscrito a mi correo para que leyera un par de capítulos y le diera mi opinión sobre la novela que escribía. Me narró un poco de la historia mientras desayunabamos en la cafetería, yo habia comprado un moka y ella chocolate abuelita, es su favorito.
Llevabamos pocas semanas de iniciar el semestre y bueno, siempre me gustó conocer escritores. Tenemos una peculiar manera de ver y contar nuestras desventuras en la vida. Nos refugiamos en las páginas de una libreta, los epílogos al final de un libro particularmente intrigante y en variedad de personajes que existen en nuestros universos.
Solemos tener ese ligero aroma a cigarrillo y licor, cuando nos encontramos a mitad de una crisis creativa y barajeamos distintos finales para nuestro día. El título era una invitación a la nostalgia, a rememorar las tardes en las que devoraba insasiablemente novelas y cuentos de antologías, sentado en el sofá de la sala o tumbado en mi cama.
Así me enbarqué en esta aventura llena de tonalidades variantes y redefiniendo el objetivo mismo del arte. Cierto que a través de nuestros ojos solemos interpretarlo según nuestros ideales y paradigmas. Sin embargo, en ocasiones no es necesario llevar a cabo grandes acciones para cambiar al mundo. Un pequeño acto es suficiente para expresar nuestras emociones y recuperar el control de nuestras vidas.
Eso me contó una chica que escribe sobre flores y guarda en su block de dibujo, bocetos de grandes momentos. Una mañana de agosto en la universidad y si un día encuentran su novela en el escaparate de una librería de su ciudad, no duden en conocer los tulipanes naranjas que forman parte del arte de la vida.
Autor: Zoé Z. Márquez Martínez
(Un Gato Negro Escritor)

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