El efecto Jean Piaget
De pequeño odiaba la indiferencia, y ahora te odio y me odio por ello. -Mi nombre es Carlos, viví como todos, respirando entre un ambiente familiar, tratando de acoplarme a una sociedad que me orillaba a ser esto que soy ahora-. El asesino lo pensaba mientras apuntaba a la frente de su víctima, un tipo llamado De Caprio, en silla de ruedas, uno de los más buscados narcotraficantes de la zona Italiana dominada por el “clero” así se hacían llamar. Miraba de frente a Carlos, como retándolo a jalar del gatillo de una vez por todas, pero Carlos solo sonreía y comenzó su pequeña historia bajo las láminas de una fábrica abandonada donde tenía amortajado de manos a De Caprio.
Yo siempre fui un soñador señor De Caprio, me encantaba el box. Crecí en un barrio bajo de Valencia, las calles coloniales y sucias me fueron moldeando. Mi padre siempre fue un ebrio apostador, siempre se metía en problemas, mi madre una drogadicta y adicta al sexo, debo reconocer que no tuve una educación que me convirtiera en un buen hombre, o mejor dicho en un hombre menos desagradable.
Peleaba en la calle por dinero, las apuestan eran grandes y tenía la motivación de la película de Rocky. Entrene mucho, gane el dinero que pude para entrar a la escuela, pagar cada año de preparatoria y de universidad, no quería terminar como mis padres y tenía un sueño, tenía que asimilarlo y acomodarme para lograr lo que quería, leí a peleadores de Box, vi películas, estaba motivado, tuve que adaptarme . Mi madre estaba orgullosa de mí, pero yo no, odiaba la indiferencia de mi padre, no sentía inclinación ni rechazo por mí, como si no existiese en su vida a pesar de estar en varios eventos de box. Yo iba a ser grande señor De Caprio, el mejor.
Sabe algo, los hijos no deben pagar por los pecados de los padres. Era la pelea estelar, mi gran salida de las sombras, el reactor de la universidad pago mucho dinero, había muchas apuestas, y mi padre, maldito, debía dinero a las personas equivocadas, tenía que perder esa pelea, me obligo mi padre a perder esa pelea señor De Caprio, pago su deuda conmigo, con mi futuro.
Después de aquella noche donde me deje ganar, el reactor de la universidad se encargó de sacarme, expulsado. Mi madre murió de sobredosis dos semanas después de que me saliera de la universidad y mi padre, bueno el maldito seguía apostando y seguía debiendo dinero.
Su padre señor De Caprio, ¿lo recuerda?, él construyo este imperio, Dottelo, le llamaban sus allegados, se apiado de mi o que se yo, aprendí mucho con él, me metió en este mundo antes de que muriera en el anterior. Ahora mi padre le debía a Dottelo, y adivine a quien mandaron a cobrar, a mí.
Dottelo murió después por el cáncer y yo mi querido señor De Caprio lo reconstrui en mi persona, lo imite aun mejor que su propio hijo, Dottelo fue mi modelo a seguir después de la perdida de mi sueño, fue el padre que nunca tuve, hasta hubiese considerado que fueras mi hermano señor De Caprio. Ahora resulta que usted quiere acabar con el imperio de su padre porque es un buen hombre de justicia.
No aprendió solo el contenido sino también la forma en que se aprende ese contenido y destaca el desarrollo progresivo de sus ahora actitudes morales, tanto lo cambio estudiar en la mejor universidad del estado, y tener esos amigos justicieros. Bueno pues todos sus amigos justicieros son mis enemigos, los voy a matar como a usted, siempre me fue indiferente usted al igual que mi padre y eso lo odio bastante y me odio por eso, porque tendré que matar al hijo del hombre que me ayudo a ser quien soy ahora, será rápido porque tiene los ojos de su padre.
Carlos le disparo justo entre los ojos de De Caprio.

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