Miedo.
Me llamo Juan, y tengo miedo, como tú. Tengo miedo, disimulado pero al fin y al cabo es miedo. Así de absurdo soy, como tú.
No olviden esto. Nacemos sin miedo a nada. Igual nacemos infinitos, pero nos hacemos finitos con el paso del tiempo, nos limitamos. El miedo se aprende. Pero también aprendemos a desaprender esos miedos que aprendimos. O al menos a maquillarlos para que nadie los note. Así de absurdos somos: media vida aprendiendo miedos y la otra media dedicada en cuerpo y alma a combatirlos.
En mi caso, mis letras y las historias me han ayudado a cubrir mis miedos de polvo y mugre. Y si el peligro es más pequeño que yo, acabará huyendo y habré ganado la batalla por fuera aunque por dentro me sigan temblando las piernas. Así de absurdos somos: el malo huyendo por miedo al bueno que finge ser malo, y el bueno muerto de miedo por dentro.
Y así he conseguido sobrevivir: haciéndome el duro cuando viene el mal tiempo, pero acumulando miedos. Miedo a que llegue el amor y, cuando el amor llega, un miedo aún más fuerte al desamor. Miedo al anterior gobierno y auténtico pánico a Peña Nieto. Miedo a la hoja en blanco cuando no se que escribir.
Y no es cierto que el tiempo y la experiencia nos haga más fuertes. Simplemente aprendemos a disimular mejor. Así de absurdos somos.

Comentarios
Publicar un comentario