EL PIKACHU DE MI HEART

Hace unos días recibí un mensaje
-“te extraño” decía
-sabes que yo nunca olvido a nadie, siempre estarás en mi corazón, le conteste, con las palabras más cálidas que se produjeron en mí.
Aquel mensaje me había hecho recordar el cariño que le tenía, las promesas que juntas habíamos hecho y aquellos pasos de baile que dejamos marcados en el piso y en nuestro corazón.
Eran esos días de escuela, que parecen años, porque eres la nueva del salón cuando la conocí, recuerdo que se sentaba en una butaca  hasta atrás de la fila y la admiraba porque siempre tenía una sonrisa en la cara, sonreía por cualquier cosa que le dijeran,  me preguntaba ¿Cómo es que podía sonreír así?, a veces la envidiaba porque yo no podía hacerlo.
Pasaron los días y empecé a darme cuenta que aquella chica conocía a muchas personas y todas ellas le querían mucho, pero nadie se daba cuenta que  ella no era la chica feliz que aparentaba ser, se la pasaba leyendo en aquel rincón, nunca salía del salón, era como si intentara ocultar algo, cuando estaba sola su rostro reflejaba tristeza y casi pedía a gritos que alguien la escuchara, quería acercarme y preguntarle qué era lo que le ocurría, pero yo me sentía igual o peor que ella, así que no era una buena idea, no podría darle un buen consejo si yo misma no estaba bien.
Fue hasta que a un maestro se le ocurrió cambiarnos de lugar, cuando le empecé a hablar porque le toco sentarse a  mí lado y con eso pude comprobar que le pasaba algo, pero no encontraba la manera correcta de preguntarle qué era lo que tenía , no quería parecer una entrometida y  lo único que se me ocurrió fue ganarme su confianza, así que empecé contándole lo que a mí me ocurría, no era algo que  me gustara, nunca le confiaba nada a nadie, pero sentía que debía hacer algo por ella. Hubo que pasar mucho tiempo para que  me contara algo, se le dificultaba tanto como a mí y sé que no me dijo toda la verdad, las cosas que más le dolían o la avergonzaban, se las reservaba, yo me daba cuenta, pero no iba a obligarla a decir algo que ella no quería y simplemente lo dejaba pasar, aun así no podía ayudarla a resolverlos, si no tenía cabeza para resolver los míos, lo único que pude haces fue  tratar  de no dejarla sola, la ayuda fue casi mutua porque yo tampoco estaría sola y  fue así que  empezamos a juntarnos
Pasaron los días y me fui encariñando de ella, se convirtió en mi amiga, me di cuenta de la  gran artista que era, me encantaba la facilidad con la que bailaba y la flexibilidad que tenía, era casi imposible evitar que a mi también me gustara el baile, entonces empecé a practicar y descubrí porque le gustaba tanto, bailar hacia que los problemas se fueran de ti, te hacía sentir feliz aunque fuera  por un momento, así que hice del baile mi mejor pasatiempo.

-Fue poco el tiempo que pase junto a ella, pero basto para amarla y  para que se convirtiera en el pikachu de mi heart 



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