Depresión de Viernes en un Sábado Multicolor

¿Recuerdas la Vez que me Dijiste: -Hubiera querido no salir viva del choque que sufrimos en el coche hoy por la mañana-?. Aquella vez me moleste mucho por tus palabras. 

Deje de hablarte durante todo el día, a la salida de la universidad solo tome tu mano, te guíe al camión, pague lo acostumbrado al chofer y busque un par de asientos vacíos. Te sentaste a mi lado, dejaste caer la mochila al suelo, apoyaste temerosa la cabeza sobre mi hombro y suspiraste. -Te Odio- Me dijiste. -Te odio, por tu silencio, por tu complejidad, por no gritarme ni decirme nada aun cuando sea un mar de problemas simples.- -Te odio por tu miedo a perderme y mi miedo a no entenderte.- -Te odio. Porque no sabría que hacer sin ti.- 

Instintivamente busque tus labios y pegue suavemente mi frente con la tuya. El beso fue largo, y el silencio que vino después aún más. Las lágrimas rodaban por mis mejillas. 

-Me Odio- Susurré. -Me odio por no poder enojarme contigo aun cuando tienes esa idea loca de salir de mi vida sin más.- Menuda estupidez, aquella noche caminamos a la terminal de buses como siempre y marchaste. No un fin de semana, no 15 días, no un mes. Marchaste para siempre. 

Y ahora por fin entiendo lo que sentías, hoy por la mañana observe el accidente de un coche impactando con una camioneta justo en la misma carretera que se dirige a tu ciudad. Aquella ciudad tan lejana donde resides. Instintivamente recordé ir a 120... 140... 210... Kilómetros por hora. En la misma carretera, demasiado tomado y con la botella de ron aún de copiloto. 

Quería surcar esos kilómetros que nos separaban en un instante, en un milisegundo. Y frene a mitad de camino, aparque el coche en la orilla de la carretera y tome el teléfono. 

-Beep... Beep... Beep... Beep... Beep...- La voz de tu buzón de llamadas sonó tan alegremente como infeliz me sentía. No respondiste y yo... Bueno yo, regrese a mi realidad. 

Conduje de vuelta a casa y me senté en el sofá de la sala. Tu llamada me saco de mi letargo y... Si... Colgué. No respondí, no quería hacerlo y nunca más lo hice. 

Me quede con esa sensación de no haber podido solo estrellar el coche en una curva y terminar con todo de una sola vez. Odiabas que te leyera, odiabas que te escribiera. Siempre me pregunte el ¿por qué?. 

Y hoy por la mañana encontré la respuesta. El choque que ocurrió a unos cientos de metros de mi me impacto con la verdad. No odiabas lo que hacía, odiabas el por qué lo hacía. Escuche tu voz en mi cabeza. Como la primera vez que te vi exponer en el aula. -Felicitaré a todas aquellas chicas incautas que se han acostado contigo después de mí, a todas aquellas protagonistas de tus desventuras, a todas ellas que amaron al escritor.- Si. Así eres tú. ¿Y sabes? Yo también lo odio. 

Odio haber sido el primero en hacerte el amor, el primero en dibujar mariposas de henna en tu estómago, el primero en haberte escrito y entregarte la llave de mi vida. Ahora entiendo lo que es ir a 180 km por mi vida estando parado a pie de carretera. 

Estoy resquebrajando mi última relación por las mismas razones egoístas que te extendieron la invitación a marchar y dejar la puerta entre abierta. -¿Recuerdas el pedazo de papel que se encuentra en "Relatos para el Insomnio de Héctor Somaruga"?- Bueno ahora serán dos... 

Porque... Esta vez tú necesitas completar el mío. Este escrito. 

Aunque pensándolo bien. Dejare que se consuma en el cenicero lleno de colillas. Si, odiabas que fumase una cajetilla al día, el olor de los cigarrillos sabor pepino y los de cereza. ¿Odias eso también de él? Cierto, él fuma Malboro. 

Me pregunto... ¿Qué odiara ella de mí? 

Porque en este momento siento el vértigo de no poder entregarle mi tiempo sin más, de no correr a su lado, de no abordar un bus que me lleve hasta ella. 

¿Sabes? Verdaderamente la Amo. 

Es la única que logró quitarme las máscaras que tengo y dejarme desnudó. 

Dios. La Amo. 

Y soy ateo. 


Autor: Zoé Z. Márquez Martínez
(Un Gato Negro Escritor)


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