Sobre mis razones para soñarte al alba.

¿Sabes que estuviste en mis pesadillas hoy por la mañana?

Si, les llamo pesadillas porque una vez, fueron sueños fantásticos que no me dejaban despertar a mi realidad. Aun cuando tú formaras parte fundamental de lo que en aquel entonces llamaba realidad.

Lo sé... 

Calmaste muchas veces mis terrores nocturnos, mis excentricidades, mis ataques de ansiedad y me pusiste los pies en la tierra. Que tan perfecto me sentía a tu lado, siempre fui imperfecto sin ti, y cuando por fin el futuro pintaba algo bueno en el óleo de nuestros días.

Tuve que fallar, tuve que ser yo.

Aquel incauto que terminó por tocar aquello que ponía frágil.Nunca entendí muy bien que veías en mí, que veías en alguien como yo. Pero lo veías. Me querías... Me amabas.

Y yo, yo en verdad te quería formando parte de mi vida.

Muchas veces tuve miedo de que partieras, como en aquel poema del chico obsesivo compulsivo porque me sentía así contigo. No se bien si mi miedo fue por lo que poco a poco tu decidiste que un escritor algo emotivo no era quien te daría estabilidad en tu vida.

Así que, simplemente tomaste tus cosas y dejaste la puerta de mi corazón entre abierta. Llore mucho aquella noche, llore como un niño que ha perdido lo más importante de su vida. Y así... Continúe con mi algo maltrecha y desbaratada vida durante dos meses o poco más, hasta encontrarte de nuevo en aquella cafetería de nuestra primera cita, de nuestra primera charla y de nuestro primer beso. 

Te veías fantástica, no podía creer lo que mis ojos veían, no podía creer tan feliz noticia.

No entendía el por qué decidiste marchar estando embarazada, pero me lo dijiste, me diste tus razones para irte, me contaste tus razones para volver y fui feliz, fui inmensamente feliz durante los 6 meses siguientes, intentando construir una familia a tu lado.

Nos emocionábamos con cada nuevo ultrasónico en el que la que pequeña Katherine nos compartía un poco más de la felicidad que nos regalarían los días y años a su lado. Contábamos los días hasta aquel momento en el que por fin, pudiéramos cargarla en nuestros brazos.

Y nunca pasó...

Durante el parto todo se complicó y me quede nuevamente con un vacío extremo, eterno. Mis dos más grandes amores habían marchado de mi vida, y hoy soñé con aquellos días.

Hoy soñé contigo y con mi pequeña. 

Hoy nuevamente estabas al alba de mis días, curando mis miedos, sanando mis heridas y calmando mis ataques de ansiedad. Alejando mis pesadillas y amándome aun cuando la muerte nos ha separado.

Algún día volveremos a estar juntos y hasta entonces... Te doy gracias por continuar siendo la razón por la que no caigo y estar ayudándome a vivir un nuevo día.


Autor: Zoé Z. Márquez Martínez
(Un Gato Negro Escritor)

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