Microrelato: Huir
Un miércoles por la mañana, caminábamos rumbo a su departamento tras nuestro pequeño paseo matutino... Aquel que ya se nos había hecho costumbre.
Hablábamos sobre cosas de la universidad y debatíamos nuestras propuestas para desayunar aquel día, no teníamos prisa, caminábamos despacio por la acera izquierda de la avenida y nos entreteníamos observando todo lo que llamase nuestra atención.
De pronto, ella se detuvo...
Observaba con la curiosidad de una niña pequeña un vestido azul y blanco a través del cristal, por un instante se imaginó usándolo. Yo disfruto mucho de verla absorta en algo que le gusta, seguir con mi mirada cada pequeño gesto que hace mientras juguetea con sus ojos aquello que le llama la atención.
A veces frunce ligeramente su nariz, otras sus labios pintan una pequeña sonrisa y su mano derecha suele tocar el hoyuelo en su mejilla.
-Entremos- Le dije sonriendo y tomé su mano mientras abría la puerta de la pequeña tienda.
Una vez dentro nos dirigimos al lugar en que aquel maniquí se encontraba, pero justo frente a él, se detiene nuevamente un momento junto a mí, como decidiendo si se le vería bien o no.
-Es un vestido muy bonito- Le susurré.
Aunque sé muy bien que ella, no es tanto de vestidos. Suele evadir el usar un vestido elegante y bonito, no le gustan del todo...
-Prefiero usar mis botas a lidiar con esos zapatos pequeños y brillantes. - Me dice en un tono alegre y simpático.
Pero se acerca y observa detenidamente aquel vestido, colocado en un maniquí cerca de la entrada de aquella tienda. Es algo sencillo, sin tantos adornos, ni detalles, pero el color le gusta... Algo en él le agrada, no sabe muy bien qué.
- ¿Sabes?, muy pocas personas me han visto usar un vestido. - Murmura tímidamente.
Eso precisamente es lo que más me gusta de ella, no deja de sorprenderme en nuestro día a día, y cuando creo conocerla un poco... Hay otra cosa que descubrir.
Cuando nos conocimos, tenía claro que ella me gustaba por cómo era, por las cosas buenas e incluso malas que pudiera aportar a mi vida y la invité a tomar un café una tarde de lluvia, mientras terminábamos algunos trabajos de estadística.
Siendo sincero, me gusta como se ve tan guapa un lunes por la mañana al despertar, como también me fascina verle radiante y maravillosa, la noche de algún fin de semana en el que decide usar un poco de maquillaje para complementar aquel peinado, al que le dedico el tiempo necesario antes de que yo pase por ella para ir a cenar.
De pronto, el silencio es interrumpido por una voz detrás de nosotros.
- ¿Le gusta señorita? Puede probárselo, si así lo quiere. - Dijo la chica encargada de aquella tienda, mientras caminaba hacia a nosotros.
Ella me miro y sonrió, luego respondió a la pregunta de la encargada.
-Hola- Saludó alegremente. -Me gusta, pero será en otra ocasión tal vez... Muchas gracias. - Dijo y se dirigió a la puerta.
Yo miré a la encargada y dije: -Muchas gracias, otra ocasión volvemos. Bonito día. - Y salí tras ella.
Esa forma de huir, de escapar de algunos momentos de la forma más imprevista, espontánea y algo apresurada es muy común en ella, tanto como la magia propia de no tener miedo de vivir o de aventurarnos en alguna nueva locura.
Así huimos de la pequeña tienda aquella mañana, desayunamos en un pequeño restaurante del centro de la ciudad y llegamos a su departamento a tiempo para poder llegar a la primera clase de la universidad.
Sin embargo, había algo en ese vestido que le gustaba mucho, y durante la tarde me pregunto varias veces si la había imaginado alguna vez con vestido.
Aunque ciertamente si, preferí responder que no, puesto que cualquier cosa que yo me imagine, no podrá compararse a verle "alguna vez" con un vestido que le guste.
Y tal vez...
Le regale el vestido que tanto le gusto aquel miércoles, el día de su cumpleaños, pero eso... Mis estimados lectores.

Comentarios
Publicar un comentario