Magic
El niño con el que ayer por la tarde jugaba me recordó mucho a mí, cuando pequeño al igual que él no tenía amigos, me sentía solo y me encerraba en mi mundo, creaba mi universo. Ayer cerca de las 5 pm le observe jugando a mezclar azúcar, crema y limón en botellas de cristal, observándolas a contraluz y sonriendo. Justo en el momento en el que me miro, sentí pánico.
¿Qué le diría si me preguntaba la razón por la que lo observaba con tanto interés? - ¿Me das un vaso de agua por favor, Zoé? - Preguntó con voz tímida.
Le miré fijamente a los ojos y sonreí, no supe porque exactamente mis lágrimas resbalaron por mis mejillas y en un intento de ocultar nuevamente mis sentimientos de él, accedí a darle lo que me pedía. Al entregarle el pequeño vaso de plástico que llené con agua del grifo del fregadero, le pregunté - ¿A qué juegas? - algo indeciso de si tocar a la puerta a su mundo y pedir con cortesía refugio en el durante un par de horas.
-Hago pociones porque soy un mago como Harry Potter. - Respondió sin dejar mirar sus botellas y los demás ingredientes que tenía para mezclar sus pociones mágicas, porque eran mágicas, estoy totalmente seguro de ello.
Volteo ligeramente su cabeza y me miro elocuente. - ¿Tú también eres un mago? - Me susurro intrigado y yo no supe que decir. Alguna vez a su edad, yo también quería ser Harry Potter, quería ser un mago y hacer pociones. Vivir en el mundo mágico y no en el de los muggles.
Con el tiempo me di cuenta de que termine siendo tan solo el capitán de los piojos, el gafitas cuatro ojos de una canción que me fascina del psicólogo más excéntrico que conozco. Pero aquel pequeño me recordó que no importan las razones para, importa el porqué. Así que reí alegremente y le dije: - ¿Sabes? Me has descubierto. También soy un mago. ¿Te gustaría que te ayudara a hacer tus pociones? -
El extendió su pequeña mano y puso en la mía una pequeña figura de plastilina. -Ten Zoé- Dijo mientras su pequeña sonrisa me devolvía mi felicidad. -Es un regaló para ti, es la piedra filosofal que acabo de crear con mis pociones. - Su sonrisa me lleno de una extraña felicidad. Sentía como si pudiese pedir un deseo a la pequeña piedra hecha con plastilina y sin importar lo que fuera, se cumpliría.
¿Sabéis que pedí? Tan solo salir un poco de la rutina que me hundió durante los días anteriores y me enfrascó en diversas historias sin termino. Y pase el resto de mi tarde hasta las 8 pm jugando con mi pequeño amigo, quien me abrió la puerta a su propio mundo de pociones mágicas, de animalitos de plástico y otros juguetes de madera.
Mi pequeño amigo mago me regalo lo más grande e importante de mi última semana. Un recuerdo del cual escribir y darme cuenta de que después de todo nosotros siempre elegimos quienes somos.

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